LOS HOMBRES SON PERROS FALDEROS

2017-03-05_18-17-20
Einstein 1921 Nueva York, los perros falderos dan una calurosa bienvenida al Dr. durante su primera visita a los Estados Unidos.

2017-03-05_18-17-20

La historia de la ciencia Einstein

Einstein y la prensa:

una relación de mírame y no me toques

En 1919, Einstein deviene una celebridad su figura atrae a los medios de comunicación,  en especial al New York Times. El físico descubrirá pronto el poder que tienen, así como los peligros que plantean.

El 12 de diciembre de 1919, Albert Einstein concedió una de sus primeras entrevistas al New York Times. Apenas un mes antes el 6 de noviembre, el astrónomo británico Frank Dyson había presentado los resultados de dos expediciones que, durante el eclipse del 29 de mayo del mismo año, habían medido la desviación de la luz de una estrella por el sol. Los resultados confirmaban una de las 3 predicciones de la teoría de la relatividad general enunciada por Einstein en 1915. La prensa disfunción inmediatamente la noticia convirtiendo a Einstein, de la noche a la mañana y de la mañana a la noche en una celebridad sin precedentes.
<>, anunciaba en titulares el New York Times el día 10 de noviembre. El diario precisaba que el alcance de la Victoria no estaba claro porque, como admitía el propio físico alemán, solo una docena de sabios en todo el mundo entendían su teoría. Tres semanas después, en la entrevista del 2 de diciembre, Einstein se mostraba más didáctico y explicaba que sus ideas cristalizaron tras ser testigo de un trágico accidente: << Einstein expone su nueva teoría punto espacio y tiempo no tienen un carácter absoluto, sino relativo a un sistema en movimiento. Como Newton, se inspiró en una caída, pero no la de una manzana, sino la de un hombre de un tejado>>.
El artículo continuaba: << años atrás, por la ventana de su biblioteca, Einstein vio despeñarse a un hombre de un tejado. El hombre contó después que durante la caída no había experimentado la sensación que normalmente asociamos a la gravedad, la cual según la teoría de Newton, le habría traído violentamente hacia el suelo>>. La anécdota, impactante, acentuaba el contraste entre la complejidad de una teoría accesible solo para unos pocos iniciados y la banalidad de una observación al alcance de cualquiera – pese a que nadie la había interpretado como Einstein.
Esa jugada maestra fue el debut de una relación ambigua, críptico y oscuro con el New York Times. Einstein iba a descubrir, a su pesar, que la comunicación mediática no se limitaba a la publicación de imágenes atractivas. Así lo indica el estudio de los miles de artículos que el rotativo dedico tanto a sus hallazgos científicos como a sus apariciones públicas o declaraciones políticas.
Las primeras dificultades aparecieron en el verano de 1921. Entre el 2 de abril y el 30 de mayo, Einstein acompaño a Chaim Weizmann, presidente de la Organización Sionista Mundial, en una gira por los  EEUU destinada a recaudar fondos para la creación de una Universidad Hebrea en Jerusalén. De vuelta a Berlín, el 1 de julio, Einstein pronunció una conferencia sobre su viaje invitado por el presidente de la Cruz Roja alemana. Cuál no sería su sorpresa al leer, en el New York Times el día siguiente, el titular que reza tal cual:  el artículo aseguraba que << el doctor Albert Einstein ha declarado que América le había aparecido violentamente antialemana […] e Inglaterra vivamente proalemana>>.
En realidad, esas afirmaciones distorsionaban el discurso de Einstein explicado más a fondo en el propio artículo, exactamente en esta imagen ⇓

2017-03-05_18-23-10

El físico había descubierto que cualquier declaración de un personaje célebre podía manipularse con tal de conseguir un buen titular.

Einstein y los << perros falderos de las mujeres>>

El problema no había hecho más que empezar. La misma semana, el 7 de julio de 1921, Cyril Brown, corresponsal del New York Times en Berlín le preguntó a Einstein qué pensaba de la vida en EE.UU. la respuesta apareció bajo el titular: << según Einstein, las mujeres mandan en este país. El científico considera que los hombres son sus mascotas. El entusiasmo que su figura despierta en América responde al hecho de que la gente se aburre mucho>>. Dijo literalmente: << los hombres no sé interesan por nada. Trabajan sin cesar… Por lo demás, son los perros falderos [toy dogs] de sus mujeres, que gastan dinero sin medida y llevan una vida extravagante. Siguen la moda al pie de la letra y ahora siguen por azar la moda Einstein>>.
El artículo suscitó fuerte reacciones en los EE.UU. Al día siguiente, el New York Times insistía sobre la cuestión: <<Las mujeres de Chicago no comparten las opiniones de Einstein>>. Estos incidentes, debidos a la inexperiencia del físico con la prensa, dañaron irreversiblemente su imagen ante su sector de la opinión pública estadounidense que no dejaría de recordarle la expresión << perros falderos de las mujeres>>, empezó la primera vez cuando solicitó un visado en 1932.
Tras ese desencuentro, Einstein adoptó una actitud más austera ante las solicitudes de entrevista. Los periodistas, anhelantes de información, tuvieron que contentarse con anécdotas espigadas de gente que se había cruzado con él, como el conductor de tranvía berlinés que en 1924 afirmó que a Einstein se le daba mal la aritmética porque no había pagado con las monedas correctas. Los artículos se centraron en las noticias oficiales, como el estreno de una película de divulgación sobre relatividad, las conferencias de Einstein en el parisiense Colegio de Francia en 1922 un ingreso en el Comité de Cooperación Intelectual de la Sociedad de la Liga de Naciones o el anuncio de su premio Nobel, en noviembre de 1922, por << el descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico>>.
En 1930, alentado por los artículos laudatorios publicados con motivo del 25.° aniversario de la publicación de la teoría de la relatividad especial, Einstein venció sus recelos y aceptó la invitación del New York Times para opinar sobre religión y ciencia. El artículo, publicado el 9 de noviembre de 1930, no a la opinión pública estadounidense más puritana.
Einstein daba cuenta de << los sentimientos y necesidades que han llevado a la humanidad al pensamiento religioso y a la fe>>. El primero era el miedo, seguido por los sentimientos sociales, es decir el deseo de consejo, amor y apoyo que lleva a la formación de una concepción social o moral de Dios. Estas necesidades habían originado las diversas religiones. Pero los individuos excepcionales y las comunidades más nobles aspiraban a otra forma de sentimiento religioso: hallamos entre ellos un tercer nivel de la experiencia religiosa, aunque raramente en forma pura. Lo llamaré sentimiento religioso cósmico. El individuo siente la futilidad de los deseos y las ambiciones humanas, a la vez que percibe el orden sublime y maravilloso de la naturaleza y el mundo de la mente. Aprisionado por la existencia individual, aspira a sentir el universo como un todo único y significativo. Este sentimiento religioso no conoce el dogma ni concibe a Dios a la  imagen del hombre. Creo que la función más importante del arte y de la ciencia es despertar y nutrir este sentimiento entre aquellos que son receptivos a el. Este sentimiento es el más poderoso y noble motivo de la investigación científica.
El artículo suscitó vivas reacciones de las comunidades religiosas y muchísima correspondencia de los lectores. Uno de ellos, el reverendo Fulton Sheen, aconsejó a Einstein suprimir la letra s de cósmico, al considerar que su concepción de la religión reflejaba <pura estupidez y banalidad>.
Cabría esperar de Einstein que con la edad fuera más prudente y reservado a la hora de expresar sus opiniones. Pero claro es que en este artículo de la historia de la ciencia no han querido reconocer que; Einstein pertenecía a una secta, de la que hablaremos en otro artículo. Además debo añadir que afirmaba de modo contundente que el mismo era una persona que estaba por encima del bien y el mal, que era superior al resto de los mediocres seres humanos. Sin embargo, hasta el final de su vida no dejó de decir lo que pensaba, aunque le costará el calificativo de ex-pacifista. El 29 de diciembre de 1941, tres semanas después del ataque sorpresa a Pearl Harbor, manifestó que las democracias vencerían a las potencias totalitarias si eran capaces de golpear duro.¿ Por qué opinaba tanto y tan al margen de las contingencias sociales, religiosas o políticas? ¿ No sabía cómo resistirse al virus mediático? ¿O es qué tal vez tenía cierto interés por él? Lejos de ser una persona manipulada por los periodistas, el físico había aprendido a servirse de ellos para sus propios fines de comunicación científica.

El efecto anuncio
Todo había empezado el 22 de marzo de 1923, al recibir a un corresponsal del New York Times en Berlín para comunicarle sus últimas investigaciones y anunciar nada menos que un descubrimiento que causará aún más sensación que la teoría de la relatividad.
Cinco días después, sin signos de rencor, Einstein confío a Cyril Brown, el autor del artículo sobre los perros falderos, detalles sobre su nueva teoría del campo unificado: “Puedo resumir de qué trata en una frase: la relación entre la electricidad de la gravitación. …Es una teoría puramente matemática que no puede ser explicada al profano.”
Era una manera inteligente de utilizar a su favor el poder del diario y jugar con el efecto anuncio de una teoría misteriosa “demasiado complicada para ser comprendida”, a la vez que subía la apuesta más importante que la relatividad general. Pero este campo de investigación iba a estancarse en seguida, y Einstein consagraría en vano el resto de su vida a la teoría del campo unificado. Hasta 1933 informó periódicamente de sus progresos. Pero dejó de hacerlo en el momento que sus tentativas arreglarme infructuosas. Cuando, en 1949 el New York Times publicó un artículo titulado: “la nueva teoría de Einstein es la llave maestra del universo”.
Einstein rechazó a los periodistas y pidió a su secretaria Helen Dukas que les transmitiera el siguiente mensaje: “Vuelvan a verme en 20 años.”
Otro ejemplo de efecto anuncio controlado es el cambio radical de su visión cosmológica, que dio en primicia la prensa en 1931. El New York Times presentó, día tras día, las distintas fases del giro. La serie empezó en enero de 1931 con la visita de este en el Instituto de Tecnología de California a fin de contrastar su hipótesis cosmológica, basada en la teoría de la relatividad general, que postula un espacio homogéneo curvo y estático. Las observaciones realizadas por los astrónomos estadounidenses Edwin Hubbel y Milton, en Monte Wilson, dos años antes, cuestionaban que el universo fuera estático. La luz de nebulosas distantes mostraba un desplazamiento al rojo proporcional a su distancia a la Tierra, expresado mediante la ley de Hubbel, que el New York Times del 31 de diciembre de 1930 describió: “las nebulosas se alejan de nosotros a una velocidad que aumenta con su distancia a la Tierra”. El 3 de enero apareció el primer anuncio de Einstein en una entrevista al periódico: “Las observaciones de Hubble y Humason … permiten suponer que la estructura general del universo no es estática”.
El 6 de febrero, el físico Leigh Page confío al diario que <>. Dos días después, el periódico anunció que la visión cosmológica de Einstein había dado un vuelco: Tierra más inconcebible aún que sus fórmulas matemáticas, el profesor Einstein declaró el miércoles que abandonaba su concepción inicial del universo>>.
Ignorando la tradición académica, Einstein espero al 11 de febrero para exponer sus ideas y discutir con un grupo de físicos y astrónomos las implicaciones del corrimiento al rojo de la luz de las nebulosas. El 26 de junio, de regreso a Berlín, presentó en una conferencia universitaria su nueva concepción cosmológica de universo dinámico en expansión, que se contraerá más allá de cierto límite.
¿Por qué avanzó Einstein sus ideas a la prensa? ¿Buscaba el eco mediático o se trataba simplemente de una voluntad de transparencia en torno a lo que consideraba una verdad científica? No es fácil responder a esta cuestión, pero no hay duda de que quería controlar el juego, como muestra su reacción airada a la filtración orquestada de la publicación de la paradoja EPR, tres años después.

Podolsky no hubiera debido

Aun habiendo contribuido a la creación de la teoría cuántica en las primeras décadas del siglo XX, Einstein no dejó de intentar demostrar, mediante sus célebres experimentos mentales, que la teoría era incompleta. Rechazaba su interpretación probabilística, que implicaba la renuncia al determinismo sobre el que se había fundamentado la física hasta entonces. Junto a sus colegas Boris Podolsky y Nathan Rosen, el 15 de mayo de 1935 publicó en una revista especializada el artículo <<¿Puede considerarse completa la descripción mecánico-cuántica de la realidad física?>>,  que haría correr mucha tinta bajo la denominación de la paradoja de EPR. Sin embargo, dos semanas antes de la publicación oficial Podolsky había revelado su contenido al New York Times, que lo presentó como “Einstein ataca la teoría cuántica”.
La filtración cogió a Einstein por sorpresa. Contrariado por la actitud de Podolsky, escribió inmediatamente al New York Times desautorizándole:  Einstein hace una declaración. Afirma no haber autorizado el artículo sobre la teoría de los cuantos.  En la declaración, ocurrente como siempre, precisaba que tenía por costumbre discutir sobre ciencia en los lugares apropiados y que no ha aprobaba el anuncio previo de una publicación en la prensa generalista.
Este agitado episodio de las relaciones entre el New York Times y el padre de la relatividad no puso punto final a ellas, como hemos visto. El periódico, que contribuyó en buena medida a hacer de Einstein una leyenda, supo usar y abusar de la figura emblemática que había creado para mantener año tras año, el interés de sus lectores. Sin embargo, ni prensa ni lectores; no tuvieron cojones ni dignidad de decir a la cara a Einstein que también era el padre del machismo contra la mujer.

Justo en este momento que acabo este artículo siento un escalofrío que me recorre la columna vertebral y un soplido de aire tras de mí, al mismo tiempo que me viene un fuerte olor extraño, que en este momento no se como definir. Nunca callaré mi voz contra las mentiras de la historia y de la actualidad.

Fuente: Entre otros El Señor es Sutil. La ciencia y la vida de Albert Einstein. Abraham Pais. Ariel, 1984

Anuncios

3 comentarios en “LOS HOMBRES SON PERROS FALDEROS

    1. Hola Diego, lamento tu decepción, pero debo continuar divulgando en ocasiones falsas idealizaciones de personajes históricos y falsedades de los medios de comunicación, etc. Simplemente por mi inquietud y mi deber en la educación en mi hogar; porque los pasos firmes hacia la carrera de astrofísica ya comenzaron de modo espectacular y no permito las mentiras en los libros de texto acompañadas en muchos casos de los pensamientos personales de los escritores en modo intrínseco y nada objetivo. Idealizar sin dudar, sin investigar es un gran error que debemos corregir todos.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s