IPHONE CUMPLE SU PRIMERA DÉCADA

MARZO 2017 IPHONE CUMPLE UNA DÉCADA
El dispositivo más revolucionario de los últimos 25 años, inventado por el maldito y bendito Jobs

Ángel y Diablo


APPLE presentó hace diez años su primer IPHONE, el dispositivo más revolucionario de los últimos 25 años, un artilugio que ha transformado la economía digital y ha convertido al hombre en un animal más conectado pero menos social

Maldito y Bendito Jobs

El clima era propicio. Los Fanboys de Apple aguardaban como agua de mayo uno de los hachazos de Steve Jobs, otro touchdown en el casillero de la compañía más coll del planeta. Igual que los más devotos coleccionan estampitas de Santos, los amantes de la tecnología alternativa recordaban aquel primer Macintosh comercializado en 1984 y aquel primer iPod de 2001, dos dispositivos que desmontaron los cánones clásicos de la industria informática y musical. Sí, el 9 de enero de 2007 los medios bullían ante la gloriosa perspectiva de un tercer asalto a los cielos, el público apretujado en el Moscone Centre de San Francisco preparando sus aullidos y Jobs, efectivamente, afilando la katana y subiendo al escenario consciente de su inmenso poder de seducción y de los aplausos que recibiría en adelante. “Durante 2 años y medio he deseado fervientemente que llegase este día”, arrancó antes de deslizar el As bajo la manga: un iPod de pantalla táctil, un teléfono móvil revolucionario y un salto cualitativo en la comunicación por Internet, todo concentrado en un único artilugio, igual que un Kinder Sorpresa de bit y el chip.
Los alaridos no sé hicieron esperar. Aquello parecía un partido de la final de la Eurocopa.  No es que no existiesen teléfonos inteligentes, es que la inteligencia de los que había eran bastante tonta. Nokia, Motorola, Blackberry y Palm ofrecían al consumidor hormigón con teclados físicos, ineptos interfaces, escasa resolución y pantallas encanijadas. Y entonces llega Jobs y se saca de la manga un panel de 3,5 pulgadas (una barbaridad para la época), una cámara de fotos de dos megapíxeles, un elemento con 11,6 milímetros de grosor, un solo botón frontal, sincronización con iTunes al cargar el aparato y la posibilidad de navegar por la red a través de Safari (aunque con la tecnología GSM que ya había estrenado un dinosaurio como el Nokia 1011).
Pero la auténtica bestia feroz, la máquina reproductora qué haría de Apple la multinacional más jugosa del planeta (nadie ha superado aún los 18.000 millones de dólares de beneficio cosechados en un solo trimestre) se escondía tras el concepto de la app o aplicación, maná que triplicar y a su éxito a partir del iPhone 3G (julio de 2008) con la introducción de la Apple Store,  cuyos efectos colaterales son tangibles hoy: las redes sociales caben en el bolsillo del pantalón en la misma medida en que caben los periódicos, los libros, las películas, los navegadores GPS, los juegos y hasta las tablas de ejercicios de Tai Taichí. Apple creó la pesadilla maravilla del allways on.

Dos por uno 
El informático Alan Kay afirmó en 1977 que las organizaciones que de verdad apostarse por el software debían fabricar su propio hardware, y eso es lo que hicieron en Cupertino. Designed in California, assembled in China.
Era una forma de optimizar el rendimiento con especificaciones que solo muchos años después superaría la competencia. Jobs sabía, además, que la clave pasaba por crear un ecosistema sin perder el control económico y conceptual, y la Apple Store, a diferencia de Google Play, jugó y juega ese papel de exigente cribador y recaudador. Es más, el primer iPhone integraba el mismo sistema operativo que funcionaba en algunos de sus ordenadores Mac, y eso significaba más seguridad, mayor potencia gráfica, la opción de reproducir vídeos y la bendición de la eficiencia energética; incluía un sensor de proximidad y otro de luz (para adaptar el brillo de la pantalla al entorno) y disponía hasta de un acelerómetro. El precio del modelo superior (8GB) se situaba en los 600 $. Compararlo con sus rivales era como comparar un Ferrari y un patinete.
Nadie supo medir el impacto del desembarco de Apple. Steve Ballmer, a la sazón CEO de Microsoft, se quedó muy aliviado y orgulloso; como un pavo real exponiendo sus herramientas de seducción después de pronosticar que Jobs no lograría con su teléfono más que los excrementos del pavito-pavo. En realidad, cada modelo vendido más que el anterior en la secuencia 2007-2015. Apple rebaso el 16% de cuota de mercado a nivel mundial en 2015 y ya había superado otra cifra escandalosa en 2016: más de 1.000 millones de teléfonos vendidos en todo el planeta. Jobs, el de los excrementos, se conformaba con el 1% del pastel, o eso dijo al principio, pero afortunadamente fue testigo del grueso de la expansión, pues él mismo presentaría en octubre de 2011 el iPhone 4S poco antes de fallecer.

APPLE REINVENTÓ CON SUS PRODUCTOS TRES INDUSTRIAS PODEROSAS: LA INFORMÁTICA, LA MUSICAL Y LA TELEFÓNICA
Mientras tanto se cocinaba la reacción de los dragones asiáticos, con Samsung a la cabeza y la aparición más reciente de Huawei. Todos han copiado y a veces mejorado muchas de las virtudes del rey de Apple hasta el punto de que la tostada se tuesta hoy del otro lado: los beneficios no son los que eran porque esa igualdad ha sepultado el factor diferencial de la manzana, que afronta actualmente el dilema de apostar por otra disrupción (vete tú a saber cuál) o reforzar su división de servicios (Apple Pay, iGloud), entre los que en un futuro no muy lejano cabrán aspectos tan peregrinos como el bancario (es lo que quizás haga Facebook en breve). Masa crítica no le falta: con 700 millones de usuarios activos, muchos de ellos incondicionales, toda sugerencia contará cuando menos con la carga de prestigio asociada a la marca.

La potencia del cambio.
Apple, en cualquier caso, transformó con su iPhone la sociedad profundizando en conceptos tan rumbosos como la globalización, el do it yourself (grabarte y aparecer en Youtube perorando sobre los mochuelos), la portabilidad extrema (hay quien trabaja desde su phablet cuando no le queda más remedio) y la hiperconectividad con familiares, colegas y enemigos.
Potencio también el universo Startup a través de las apps (Wallapop es una plataforma ideada para el smartphone, por citar un caso español), generando indirectamente miles de puestos de trabajo y apuntalando el rol de Silicon Valley como emporio de la creatividad tecnológica; enseñó a muchas empresas el camino para monetizar su producto en el entorno digital y habituó al usuario a la velocidad, la comodidad y la eficiencia, a las fotos HDR, el vídeo de alta resolución, al podómetro, a Facetime, a los buscadores supersónicos de vuelos (Skyscanner), a encontrar en dos minutos tropecientos restaurantes cercanos avalados por otros clientes (Tripadvisor) y a la endiablada celda de WhatsApp, con sus grupos de madres y de amigos del toreo, el double check y los mensajes de voz.
A Steve Jobs habría que ponerle un monumento en la plaza del ayuntamiento, una soga y a la vez una guillotina, “para por si acaso, que no quede error alguno” porque de su inspiración y su equipo partió el concepto más rompedor de los últimos 25 años, el más insólito y maligno, el que nos ha convertido en animales menos sociales, convirtiendo nuestros cerebros en perfectos coladores en lo que causa una fuga constante de nuestra capacidad de concentración, a destruido en gran mayoría la comunicación entre familiares y amigos, a destruido la lectura de libros en el transporte público, igualmente la lectura en la alcoba y, por supuesto causó la perdida de la seducción de una mirada a pie de calle, incluso en la barra del bar. Jobs destruyó la cultura de la seducción del cuerpo a cuerpo de modo natural.

Las palomas blancas del mago Job

Apple nos ha mal acostumbrado: en 1984 dio el primer zarpazo con el Macintosh original, un ordenadorque pronto se convirtió en la mascota mimada de los informáticos.
En 2001 presentó el primer iPod, una caja mágica donde cabía toda la música del mundo, aunque fuese en formato MP3. iPhone aterrizó en el célebre evento de enero de 2007 donde Steve Jobs arrancó tantas pasiones como los Beatles. Los dos últimos inventos, el iPad (2010) y el Apple Watch (2014), han sido menos revolucionarios.

Fuente: Agencia EFE

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