EL GEN DE LA OBESIDAD

¿Existe en nuestro organismo el Gen ahorrador?
¿Nuestros antepasados padecían de obesidad?

Una mutación genética en nuestros antepasados primates pueden ser la causa de la actual pandemia de obesidad y diabetes

 

En 1962, el genetista James Neel propuso una hipótesis para resolver un rompecabezas evolutivo desconcertante. Lo que se conoce hoy como diabetes de tipo 2 provoca, a su vez, diferentes síntomas debilitantes, como ceguera, cardiopatías e insuficiencia renal. En el pasado, cuando no se disponía de tratamientos adecuados, los humanos con estos síntomas tendrían menos éxito a la hora de encontrar pareja, reproducirse y transmitir a las generaciones futuras el gen causante de la enfermedad. Es decir, la selección natural debería haber eliminado este gen y, por tanto, la dolencia.
Sin embargo, el trastorno se mantuvo y fue aumentando en la población. Neel se preguntaba cómo pudieron sobrevivir las personas portadoras de un gen tan perjudicial. Y por qué la diabetes, que se caracteriza por unos niveles anormales altos de glucosa en la sangre, resultaba cada vez más frecuente.
Neel dedicó una gran parte de su tiempo a estudiar poblaciones indígenas como los yanomamis del Amazonas. Supuestamente, en su acervo genético hay la misma variante genética de la diabetes que presentan otros humanos actuales, aunque ellos casi nunca padecen esta enfermedad ni tampoco obesidad. El contraste entre las personas indígenas y las de sociedades desarrolladas le proporcionó una pista. Según él, en el pasado remoto habría más fácil en las que los alimentos escaseaban, lo que causaría hambrunas o incluso una carestía generalizada. Los portadores de una variante genética que hiciera más eficaz la asimilación o utilización de los alimentos habrían podido extraer más calorías y almacenarlas en forma de grasa. Los dotados con ese gen << ahorrador >>  contarían con una grasa extra qué habría supuesto una ventaja para sobrevivir en tiempos de necesidad. En tiempos de abundancia, como en la actualidad, el mismo rasgo daría lugar a una ganancia de peso  y a la diabetes. 
Aunque la hipótesis del gen ahorrador ha recibido algunas críticas, se ha mantenido vigente de una forma u otra desde hace medio siglo. La idea de nuestro organismo está programado genéticamente para almacenar grasa, y de nuestra dieta rica y hábitos sedentarios han desbordado esta programación, ha impulsado numerosas investigaciones que intentan identificar los posibles genes ahorradores causantes de la diabetes y otras enfermedades relacionadas con la obesidad, como la hipertensión arterial, la esteatohepatitis no alcohólica y las cardiopatías. Pero algunos científicos critican esta hipótesis y argumentan que, en el pasado, los periodos de hambre habrían sido demasiado escasos y cortos como para que se seleccionaran genes que favorecieran la acumulación de grasa; además, tampoco se ha logrado identificar los genes ahorradores.
Pero, en tiempo reciente, los dos autores de este artículo han analizado en profundidad nuestro pasado evolutivo y han hallado pruebas sólidas que confirman una parte esencial de la hipótesis de Neel, a saber, que la mutación de un gen convirtió a los humanos en ahorradores de calorías. Tal mutación surgió en antiguos simios hace millones de años y creemos que les permitió sobrevivir durante largos periodos de carencia. Si estamos en lo cierto, nuestra hipótesis podría ayudar a revelar cómo evolucionaron esos simios y dieron lugar a nuestros primeros ancestros; y permitiría identificar el gen responsable de muchas de las principales enfermedades actuales.

Regreso a África

Al principio, Neel y otros científicos suponía que el gen ahorrador apareció cuando nuestros antepasados habitaban las llanuras del este de África. Pero según nuestra interpretación, la historia comenzó mucho antes, cuando los simios hacía poco que medraban en nuestro planeta. En nuestro relato hay cambios climáticos globales, hambre y lucha por la supervivencia.
Los primeros simios evolucionaron hace unos 26 millones de años, probablemente en el este de África, a partir de un ancestro común suyo y del resto de primates. Esos simios, el más conocido de los cuales es proconsul, eran cuadrúpedos y arborícolas, de forma similar al resto de los monos, pero poseían un cuerpo grande, sin cola, y un cráneo y un cerebro mas voluminosos. En esa época, África era un edén tropical formado por bosques caducifolios pluvisilva donde los simios se alimentaban principalmente de fruta. Allí prosperaron y se diversificaron hasta existir 14 especies, según se ha identificado en el registro fósil.

Fuente: Richard J. Johnson y Peter Andrews

En breve continuará este artículo de estos investigadores tan interesantes

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